Paisaje

Viaje, carretera y paisaje

Los paisajes norteamericanos han sido ampliamente descritos y vistos en el cine, la fotografía y  la literatura del siglo XX.

Uno de los autores más destacados en esto de recorrer paisajes ha sido Jack Kerouac. En su obra maestra, “On the road”,  alienta al lector a coger una maleta y viajar; viajar dónde sea y cuándo sea. Es una novela que homenajea el viaje, la carretera y la conducción salvaje por las Grandes Llanuras de los Estados Unidos.

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Figura 1. Viajes de Kerouac en el invierno de 1947 y 1948. Fuente: “En el camino”

En cinco años fue capaz de recorrer el país de este a oeste y de norte a sur. Disfrutó con ganas los paisajes, sentado de copiloto en viejos vehículos y recorriendo kilómetros y kilómetros del asfalto norteamericano.

La carretera se convierte en el elemento encargado de abrir paso a los territorios más recónditos del país, y el vehículo, como elemento que nos acerca a ellos. Viaje, carretera y paisaje se hacen inseparables.

En España y en cualquier rincón del mundo la sensación es parecida. El viaje en la carretera, despierta un sentimiento de acercamiento al paisaje. A ello contribuyen los adelantamientos y las curvas de las viejas carreteras comarcales y nacionales de doble sentido.   

N- 141

Figura 2. N- 141 antes de llegar al municipio de Bossòst (Lleida, Catalunya). Fuente: MTN a escala 1:50.000

N-141

Figura 3.  Imagen de una curva de la. N- 1 41 antes de llegar al municipio de Bossòst (Lleida, Catalunya). Fuente: Google Street View

Las carreteras secundarias ofertan viajes atractivos, lentos, tentadoras curvas, paisajes, atardeceres, distracción,  perderse en el espacio y en el tiempo,  platos típicos y viejos cassetes y cds de la música española. También permiten atravesar numerosos pueblos y núcleos rurales a 50 kilómetros por hora. Estas carreteras eran antiguos caminos rurales que se asfaltaron a principios del siglo XX, adecuándose a la trazabilidad de la topografía y el relieve, mientras, las nuevas autovías y autopistas salvan las alturas y las fuertes pendientes mediante la construcción de viaductos y túneles, evitando la sinuosidad y el abrupto relieve. La nueva infraestructura viaria solo ofrece peajes, rapidez, comodidad y seguridad.

Nuevas actividades y equipamientos en las márgenes y proximidades de las carreteras banalizan los paisajes y las panorámicas que ofrecen las ventanillas del automóvil.  Polígonos industriales, urbanizaciones dispersas, gasolineras, parkings disuasorios han destruido los paisajes.

Las radiales y grandes  autovías han sustituido a las viajeras carreteras curvadas y con baches, que te hacían girar la cabeza y disfrutar de los territorios más insólitos, rurales y agrarios del interior y litoral del país.

Las viejas carreteras nacionales, provinciales y comarcales, hoy en día, apenas se usan pues el principal objetivo del viaje es elegir la vía más rápida que nos lleve a nuestro destino pero éstas, son los escenarios más bellos para disfrutar del territorio de manera pausada, no solo del paisaje  estático, sino del paisaje en movimiento. Los vehículos se convierten en auténticos miradores para los conductores y acompañantes.

La aplicación tecnológica a los nuevos vehículos y la construcción de grandes infraestructuras viarias, lineales, con cuatro o cinco carriles ha matado el sentimiento viajero por carretera. Se hace imposible disfrutar del paisaje. No da tiempo.

No dan oportunidad ni a perderse. La de vehículos que habrán tomado la siguiente salida para retroceder en su viaje. Eso ya no es posible pues la voz del coche te dice que gires a la derecha  dentro de 500 metros y cojas la segunda salida de la rotonda. Ha llegado a su destino.

La visión tradicional del paisaje  desde de las viejas carreteras se está terminando. Se debe recuperar la búsqueda por la búsqueda, evitar los GPS, perderse por las carreteras, parar en las gasolineras a preguntar, hacer dedo si no tienes coche, y recordar que lo verdaderamente importante no es llegar sino el trayecto, el viaje y disfrutar de los paisajes vistos desde una ventanilla.

No hay que demonizar la seguridad y comodidad de las nuevas infraestructuras pero si queremos recuperar la esencia de los viajes, recomiendo utilizar una vieja carretera secundaria pues significa también una acercamiento al paisaje.

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