Medio ambiente

Tsunamis en España

El término Tsunami -palabra japonesa que significa “ola de puerto”- se popularizó en el año 2004 cuando una ola gigante azotó el sudeste asiático llevándose por delante a más de 230.000 vidas humanas.

Desde entonces, el foco mediático se ha centrado con mayor frecuencia en estos fenómenos naturales  que, generalmente, se producen en zonas tectónicamente inestables cuando a raíz de un movimiento sísmico se desplaza verticalmente una gran masa de agua.

Los últimos casos que hemos conocido han tenido lugar en el Océano Índico (2004), Chile (2010) y Japón (2011). Zonas, todas ellas, tan alejadas de España que ni nos planteamos que pueda darse uno de estos tsunamis o maremotos en la Península Ibérica.

Pero lo cierto es que España se encuentra ubicada en un enclave con elevados niveles de tectonismo, ya que nos situamos en la zona de fricción de la placa Europea con la Africana -y entre ellas pequeñas subplacas como la Ibérica y la de Alborán-, es decir, fragmentos de la corteza terrestre en constante tensión unos con otros que generan continuos terremotos, aunque la mayoría resultan imperceptibles para la población.

Esta situación hace que exista un riesgo real de tsunami que en más de una ocasión se ha llegado a hacer efectivo.

Actualmente hay documentados 18 grandes terremotos con tsunami que han afectado al Golfo de Cádiz, datados entre el 300 A.C. y el siglo XIX. Pincha aquí para ver el catálogo de tsunamis en España según el Instituto Geográfico Nacional.

El maremoto más catastrófico que ha azotado la Península Ibérica se originó el 1 de noviembre de 1755. En esa fecha, se produjo un movimiento sísmico de magnitud 8,5 en la escala Richter, cuyo epicentro se encontraba en la falla Marqués de Pombal, a 400 kilómetros al suroeste del Cabo San Vicente, y cuya intensidad fue tal que se notó hasta en Alemania.

Grabado terremoto Lisboa 1755. Fuente: antonioaretxabala.blogspot.com

Grabado terremoto Lisboa 1755. Fuente: antonioaretxabala.blogspot.com

Las mayores consecuencias de ese temblor se dieron en Lisboa, ciudad que quedó totalmente destruida y en la que fallecieron unas 12.000 personas. En España, Cádiz y Huelva se llevaron la peor parte, ya que a esta zona del suroeste peninsular arribó una ola de gran tamaño, entre 6 y 12 metros, que ocasionó 1.240 muertes.

Tras recibir el impacto de la primera ola, el gobernador de la ciudad de Cádiz ordenó cerrar las puertas de la muralla, lo cual salvó numerosas vidas. Desde entonces, cada 1 de noviembre la virgen de la Palma sale de la ciudad gaditana en procesión, en agradecimiento por “haber detenido las aguas”.

El Mar Mediterráneo por su parte, no se queda exento de estos fenómenos destructivos. Aunque bien es cierto que su características no son tan destructivas como en el Océano Atlántico, los tsunamis mediterráneos sí suponen un riesgo para núcleos costeros, sobre todo en época estival. Un ejemplo de ello es un tsunami que llegó a las costas de Mallorca en el año 2003, a consecuencia de un terremoto frente a las costas de Argelia, y que produjo en la isla fuertes desperfectos en numerosas embarcaciones.

¿Está España preparada para un Tsunami?

En la actualidad, España no cuenta con una Red Nacional de Alertas de Tsunamis. Aunque se podrían detectar estas olas gigantes gracias al Sistema de detección de la Unesco, situado en París, la realidad es que no se sabría qué hacer con esa información ni cómo actuar.

Por ello, en marzo de 2013, el Congreso de los Diputados aprobó una proposición no de ley que instaba al Gobierno a crear un Sistema parecido a la Red Sísmica Nacional, y que ofreciera unas pautas de actuación ante la llegada de un fenómeno natural de estas características.

Otros países como Francia, Portugal, Italia o Grecia ya cuentan con planes de evacuación y de actuación frente a Tsunamis.

La importancia de estos planes se puede observar por ejemplo, en la diferencia de víctimas mortales entre los tsunamis ocurridos en Japón y en el Índico. En Japón se alertó a la población de la llegada de la ola, aunque en algunos puntos sólo trascurrieron 15 minutos desde el aviso hasta el impacto del agua, mientras que en Indonesia no hubo aviso, y ello multiplicó el número de víctimas por 10.

 

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