Urbanismo

La Quinta de Torre Arias: Un enclave palaciego al final de la calle Alcalá

Caminando por la calle Alcalá, entrando ya en el barrio de Canillejas, y muy próxima al Parque de la Quinta de los Molinos se localiza una propiedad que diverge considerablemente de la trama urbanística de su entorno. Incluso en términos paisajísticos se ve alterada la homogeneidad de construcciones residenciales de hasta 6 plantas de las décadas de los 1970 y 80 que domina esta zona de Madrid,  por una tapia de unos 2 metros de alto -en algunos puntos incluso más-, que varía su aspecto entre enyesada y de ladrillo rojo según los tramos, y que  presenta una extensión tan considerable que llama la atención. Dentro de esa tapia se atisba una gran vegetación arbórea que lógicamente despierta la curiosidad del viandante. También despertó la nuestra.

Palacio de Torre Arias. Fuente: urbanity.es

Palacio de Torre Arias. Fuente: urbanity.es

Palacio de Torre Arias. Fuente: urbanity.es

Palacio de Torre Arias. Fuente: urbanity.es

Se trata de una finca perteneciente a la Condesa de Torre Arias y Marquesa de Santa Marta. Ubicada en el antiguo Camino Real de Alcalá y a las puertas de la otrora villa de Canillejas, se cree que su origen se remonta al periodo comprendido entre los años 1580 y 1602, a manos de los Condes de Villamor, denominándose en un principio Casa de Campo de Canillejas.

Aunque no con certeza, algunos autores opinan que en sus principios, la finca tuvo una extensión total de 6,5 ha. En la actualidad sobrepasa las 16 ha. Esta diferencia de extensión se debe a que originariamente la propiedad únicamente abarcaba la sección septentrional de la actual finca, marcando entonces su límite meridional en un pequeño arroyo, comúnmente denominado el “arroyo de la Quinta”. Por tanto, la entrada principal, en forma de exedra neoclásica, que se aprecia hoy en día, no existía debido a la interposición de dicho arroyo y un barranco anejo al mismo de unos 8-10 metros de profundidad, por lo que la puerta se ubicaba en el sector oriental de la parcela, de cara al núcleo de Canillejas, suponemos que para tener un mayor contacto con éste. No fue hasta finales del siglo XVII cuando la propiedad se amplió hasta la configuración que apreciamos hoy en día, a manos ya de la Casa de Aguilar.

Plano de Canillejas 1877-1881

Plano de Canillejas 1877-1881

En lo referente a la tipología constructiva del palacio, en sus orígenes tuvo una planta cuadrangular de 26×26 metros con un patio interior de 13×13 metros. Hoy en día y desde, mínimo, el siglo XIX según la cartografía histórica disponible, el palacio ha perdido su perfección geométrica presentando una planta también cuadrangular, pero ligeramente deformada por su ala sur, de 39x32x40x29 metros, manteniendo el patio aproximadamente con las medidas originales, con una fuente central y un pequeño estanque. Sin duda alguna, uno de los elementos más representativos de esta construcción palaciega, junto con el color rojizo de la fachada, es su reloj, instalado en un torreón que corona la entrada.

Además de las estancias principales, se encuentran anexas al palacio una serie de infraestructuras auxiliares que delimitan el corral. A lo largo y ancho de la finca se pueden observar otras edificaciones de un marcado carácter asistencial para las tradicionales labores agropecuarias que se han realizado históricamente en este terreno compatibilizándose con su carácter nobiliario y de recreo, como las situadas en el extremo noroccidental del recinto, o la ubicada en el paseo principal.

Edificaciones auxiliares de la Quinta. Fuente: urbanity.es

Edificaciones auxiliares de la Quinta. Fuente: urbanity.es

Pero, sin lugar a dudas, el gran encanto de esta propiedad viene dado por su variada vegetación. Aquí se pueden encontrar desde densas aglomeraciones de árboles de ribera, como olmos, chopos, sauces, etc., asociados al arroyo, hasta una plantación de olivares y frutales, e incluso un invernadero. Históricamente la finca disponía de 2 ó 3 invernaderos, tal y como se aprecia en la cartografía histórica hasta los años 1960, pero desde la imagen satélite actual únicamente se aprecia una de estas infraestructuras.

Estamos por tanto ante un caso urbanístico singular. Una propiedad que ha logrado escapar al acoso edificatorio tan presente en la capital en las últimas décadas. Un espacio que Benito Pérez Galdós describía como una de las cuatro quintas más célebres en las proximidades de Madrid, nacidas del “capital abundante y la paciencia”.

Muy ligada a los dos famosos parques de la zona, la Quinta de los Molinos y el Parque del Capricho, no ya sólo por su cercanía geográfica, 330 metros y 2 Km respectivamente, si no también por cuestiones históricas -Dª Francisca Javiera Bibiana Pérez de Guzmán el Bueno, propietaria de la Finca de Canillejas era abuela de Dª María Josefa Alonso-Pimentel y Téllez-Girón,Condesa-Duquesa de Benavente, de Gandía, Arcos, Béjar, casada con el 9º Duque de Osuna D. Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, creadores de la Quinta de El Capricho de la Alameda-.

La propiedad de la Finca estuvo en las manos privadas del Conde, fallecido en 2003, y de la Condesa, fallecida en 2012, hasta 1986, año en el se alcanzó un acuerdo con el Ayuntamiento, el cual explotaría la Finca a cambio de entregar a la familia unos terrenos cercanos. El gobierno municipal de aquellos años, permitió a los propietarios continuar residiendo en la propiedad hasta la muerte del matrimonio.

A día de hoy, el Ayuntamiento de Madrid todavía no ha abierto al público esta propiedad dado que se encuentra en unas condiciones bastante deficientes tanto en lo relativo al mantenimiento como a la seguridad. Y puesto que la situación económica del Ayuntamiento es penosa, no puede hacerse cargo del coste de dichas reparaciones, por lo que no se tiene previsto permitir visitas hasta más allá de 2015.

 El hecho de que aún hoy en día existan grandes propiedades históricas como la presente, hasta hace bien poco en manos privadas, y de que se haya negado durante décadas el acceso a ella, incluso a investigadores, supone cierta controversia ya que por una parte priva del estudio de un espacio que tantos datos relevantes podría aportar al conocimiento histórico y geográfico de las fincas señoriales y su relación con las antiguas villas madrileñas. Por otro lado, resulta totalmente comprensible y respetable que se mantenga un hermetismo público sobre una propiedad privada.

Cierto es también que, probablemente, de no ser por el respeto de los propietarios hacia su propia finca y la motivación por conservarla, hoy en día este espacio habría desaparecido entre las fauces del urbanismo especulativo y nos habría privado de poder disfrutar de esta reliquia en un futuro.

Bibliografía:

Laso de la Vega Zamora, M.: “Quintas de recreo. Las casas de campo de la aristocracia alrededor de Madrid”. Libro primero Canillejas y Chamartín de la Rosa. Ayuntamiento de Madrid. 2006.

Series de Cartografía histórica. Instituto Geográfico Nacional.

2 de comentarios

  • Este ídilico entorno como bien se expone en el post, merece una actualización en su información ya que a pesar de que se anunció el año pasado por parte del Ayto. de Madrid que la condesa fallecida en 2012 y el exalcalde Tierno Galván firmaron en su momento un convenio en los años 80 que permitiría al Ayuntamiento de Madrid abrir la finca a los ciudadanos.

    Pero la situación ha cambiado de forma inexplicable, porque la finca pues que pasó a manos del Consistorio desde el fallecimiento de la condesa de Torre Arias tras 4 siglos en manos privadas, tras el pleno municipal de enero de 2014, la concejala de Medio Ambiente, Paz González, anunció que la Universidad de Navarra, una institución educativa privada vinculada al Opus die ha solicitado al Ayuntamiento la cesión de parte de las instalaciones de la finca para ubicar una sede donde impartir posgrados a cambio de hacerse cargo de la rehabilitación de los edificios, es decir, la expropiación de un entorno histórico destinado a uso público por parte de sus originarios propietarios para el uso y disfrute de una institución educativa privada elitista y sectaria (no tanto por la pluralidad y diversidad social de sus miembros, sino más bien por el poder adquisitivo de los mismos).

    Este distrito que como muchos otros en la ciudad de Madrid sufre importantes déficits sociales, como consecuencia de las políticas socialmente depredadoras de una de las ciudades más desiguales del Estado, no es más que la punta del iceberg de otro episodio más de un retorno a tiempos supuestamente superados, donde una pequeña élite de ciudadanos abosrbían todo el patrimonio social, económico y educativo de la ciudadanía. Una manera más de confiscar lo público para entregarlo a manos privadas, ante la indiferencia y pasividad de una ciudad anestesiada y cada vez más polarizada.

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