Desarrollo rural

Encuadre territorial de la minería del carbón

Los duros enfrentamientos entre policías y fuerzas del orden del pasado verano, así como la posterior marcha minera a Madrid, han vuelto a poner en primera plana mediática los problemas de la minería del carbón. En este post vamos a intentar reflexionar sobre encuadre territorial de esta actividad económica, que en muchas regiones sigue siendo con peso laboral importante. Para encuadrar la situación vamos a referirnos a la cuenca central leonesa (Ciñera-Matallana).

Imagen: Jesús Juárez, 1995. De la exposición "Aniversario de la Constitución de la Sociedad Minero Siderúrgica de  Ponferrada" en Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León.

Imagen: Jesús Juárez, 1995. De la exposición “Aniversario de la Constitución de la Sociedad Minero Siderúrgica de
Ponferrada” en Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León.

La explotación de este mineral da comienzo en la segunda mitad del siglo XIX, tras el descubrimiento de importantes vetas de mineral, en los valles del Bernesga y del Torio. Sin embargo la fragmentación e inclinación de las mismas, hace que las explotaciones sean complejas, costosas y peligrosas. Pese a los inconvenientes, la actividad era muy rentable, debido a la demanda de las incipientes industrias siderúrgica, energética y ferroviaria.

El impacto de esta nueva industria sobre el territorio; una zona montañosa, de economía básicamente rural, supone un vuelco social. Aumenta la presión demográfica, de manera que en el año 1900, Santa Lucía, principal núcleo minero de la zona, cuenta con cerca de 300 habitantes, mientras que en 1960 ronda los 2.500. No hace falta decir que dada estrechez de los valles, la ocupación por infraestructuras y la baja renta disponible; el poblamiento no fue ordenado ni de calidad, generando problemas de hacinamiento y de falta de servicios públicos básicos.

En 1893, se funda la Sociedad Hullera Vasco Leonesa, fruto de la unión de varías empresas. Desde entonces ha sido la protagonista de la vida social, política y económica en esta comarca minera. El interés originario de la nueva empresa era abastecer de carbón a la industria siderúrgica vizcaína. Para ello se construye el ferrocarril de vía métrica más largo de Europa Occidental, el conocido como “Trascantábrico” o “Hullero”, entre La Robla y Balmaseda. La filosofía empresarial, es desde finales de los años 50, de corte paternalista. La empresa es la que genera el desarrollo económico, pero también la que facilita y controla los servicios sociales (vivienda, educación, sanidad, abastecimientos, transporte, deporte, cultura, etc)

Se trata de una práctica extendida en muchas empresas mineras, ferroviarias, metalúrgicas, etc donde el trabajo duro, no es soportable únicamente con el salario, sino con la idea superior del sostenimiento de la nación. Surge de esta manera la figura del minero: abnegado trabajador que entrega su vida, por una causa mayor más allá del salario. Es también una estrategia de fidelización forzosa de los trabajadores, dándose el caso de familias enteras trabajando y dependiendo de la voluntad de un mismo patrón.

Es evidente que estos servicios, marcaban una distancia abismal con otros sectores productivos, generando aún más demanda laboral y presión sobre el territorio. En el lado positivo, la creación de colegios e institutos sirvió para que muchos hijos de mineros se plantearan mejores alternativas laborales, ya sea en la propia empresa u otras afines.

Sin embargo, la rentabilidad económica de la explotación del carbón, nunca ha sido positiva, estando regulada, controlada y subsidiada por los diferentes regímenes políticos. Durante la autarquía la producción del carbón, alcanzó su cénit, debido a la escasez de fuentes energéticas. Sin embargo en 1959, la liberalización de la importación del carbón, generó la primera gran crisis en la minería, principalmente en Asturias, donde los patronos, ante la escasa competitividad, decidieron repercutir sobre las condiciones y salarios de los trabajadores. Esta situación dió lugar en 1962 a la primera huelga (entonces considerada delito de sedición) en la dictadura del General Franco. Debido al masivo seguimiento, el Gobierno se vio obligado a negociar mejoras directamente con los trabajadores, afianzando a la entonces oposición democrática.

Durante los siguientes años, la producción se orientó prácticamente en exclusiva a la producción eléctrica en centrales térmicas. Sin embargo los menores costes de carbón importado o la fuelización de muchas centrales, hace que a principios de los años 90, surja la segunda gran crisis minera, tras la quiebra de la Minero Siderúrgica de Ponferrada.

Como consecuencia de las movilizaciones sociales y sindicales, surgen los conocidos “Planes del Carbón”. El objetivo de estos planes es ambiguo. Por una parte establecen los cauces y la financiación para la reducción de plantillas (alrededor del 80%) principalmente por prejubilaciones, por otra se subvenciona parte de la producción, al considerarse reserva estratégica, y también financia proyectos de desarrollo alternativos.

Las inversiones en los cuatro planes hasta ahora aprobados ha sido muy elevada (cerca de 24.000 millones de €), y sin embargo no han generado alternativas estables. Tampoco han conseguido que la explotación fuera rentable, pese a la mecanización y proliferación de cielos abiertos. Esta última actividad, por contra ha degradado aún más los valores medioambientales de estos valles de montaña. ¿Cómo se ha llegado a este punto?

Pienso que una de las principales razones por las que estos planes no han funcionado, es la mala gestión de los fondos, la escasa idoneidad de muchas actividades y proyectos alternativas, y sobre todo la permisividad hacia los empresarios mineros. En un contexto complejo, donde las circunstancias inherentes al territorio, ya son de por sí un hándicap (orografía, climatología, accesibilidad, envejecimiento, atracción del empleo minero, propiedades en manos muertas, etc) sorprende la mínima reflexión acerca de los valores propios de las comarcas mineras. Desde los recursos naturales, agrarios, forestales, turísticos, patrimoniales, etc hasta la propia formación y capacitación humana, empresarial y social existente en los valles. Es evidente que cuando los errores residen en la base, es un síntoma de la falta de un análisis territorial coherente.

Imagen: Miguel Díaz. Faedo de Ciñera. Julio de 2011.

Imagen: Miguel Díaz. Faedo de Ciñera. Julio de 2011.

Pese a todo este marasmo de situaciones sobrevenidas, con decisiones poco reflexivas y precipitadas, hay pequeñas iniciativas que merecen la pena resaltar. Volviendo a la zona de referencia, es destacable la puesta en valor del Faedo de Ciñera, a cargo de un grupo de vecinos, en su mayor parte prejubilados. Se trata de un magnífico bosque de hayas, paradójicamente bien conservado entre explotaciones mineras, y que gracias a los cuidados, control y difusión de los vecinos, se ha convertido en un incipiente recurso económico y cultural de alta calidad. Sin embargo la falta de medios propios, así como las amenazas externas del trazado de la Línea de Alta Tensión Sama-Velilla y la descontrolada, en ocasiones, demanda turística, ponen en peligro su continuidad e integridad.

Otro punto fuerte es el patrimonio industrial, que como era de esperar es abundante y se encuentra desaprovechado: castilletes, talleres, lavaderos, ferrocarriles, centrales, maquinaria, herramientas, etc que en el mejor de los casos se encuentran en el archivo de la empresa. ¿Por qué no se ponen en valor? Ha habido intención de hacer tanto con el Pozo Ibarra en Ciñera, como en la Central Eléctrica de Santa Lucia. Existe la creencia, nunca expresada con claridad, que las empresas mineras no quieren desprenderse de patrimonio que les pudiera resultar útil, en caso de confirmarse la posible demanda exterior. El caso paradigmático ha sido la negativa de la Hullera del Sabero (cerrada en 1996) a autorizar el uso turístico de parte de su ferrocarril de enlace, sino era a cambio de concesión de una licencia de explotación. Es decir una vez más, no es territorio quien controla su futuro, sino intereses externos.

Pero como decíamos uno de los mayores problemas para la reactivación es el envejecimiento de la población, en el caso de Santa Lucía, hoy cuenta con apenas 500 vecinos censados, cerca de 70% mayores de 65 años. Difícilmente se puede establecer nuevos ciclos económicos, si los jóvenes y su familias llevan décadas abandonando los pueblos, por la falta de servicios, la imposibilidad de adquirir viviendas (propiedad de la empresa), empleos alternativos, etc. Podría pensarse que el importante número de prejubilados ejercieran de custodios del territorio, como ha ocurrido en el caso del Faedo, pero es en todo caso voluntarismo.

Miguel Diaz Rodríguez es Arquitecto por la Universidad de Alcalá de Henares y Máster en Planificación y Desarrollo Territorial Sostenible por la Universidad Autónoma de Madrid.

Bibliografía:

Documento: Plan Nacional de Reserva Estratégica de carbón 2006-2012 y Nuevo Modelo de Desarrollo Integral y Sostenible de las Comarcas Mineras. Enlace: http://www.irmc.es/common/Plan_Carbon.pdf

Vídeo: “La huelga del silencio” Documentos TV. Enlace http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/documentos-tv-huelga-del-silencio/1396713/

Vídeo: “Conversaciones con un minero”. Enlace: http://www.youtube.com/watch?v=7ejMUqsnOW4

Web: Bosque de “El Faedo”. Enlace: http://www.elfaedo.es/

Libro: GARCÍA RODRÍGUEZ, Alfonso. Una historia en imágenes en el centenario de la S.A. Hullera Vasco-Leonesa. (1893-1993). Fundación HVL. Madrid, 1993.

Un comentario

Deja un comentario. El diccionario no tiene culpa de nada.

Síguenos

Recibe cada nuevo artículo en tu bandeja de entrada.

Únete a otros seguidores: