Cambio climático

El negocio del deshielo ártico

Cuando hablamos del cambio climático y de los efectos que éste trae consigo, el deshielo  del ártico sin duda adquiere un papel protagonista, dado que es uno de los que mayores consecuencias traerá para nuestro planeta.

El hielo ártico actúa como un gran espejo, gracias a su albedo, devolviendo a la atmósfera una gran cantidad de radiación solar rebotada en la superficie helada. Esto hace que el Ártico se convierta un regulador natural de la temperatura terrestre. Por tanto, una de las consecuencias de su deshielo es la elevación de la temperatura media de la Tierra, unido al conocido aumento del nivel del mar.

Otra consecuencia de este deshielo es la alteración de la salinidad marina, dado que si una gran masa de agua dulce se derrite en el polo, ésta pasa a incorporarse al las corrientes oceánicas, alterando sus patrones de salinidad y de temperatura. Y si las corrientes marinas ven modificados su comportamiento natural, ello pasa a repercutir inmediatamente sobre los fenómenos meteorológicos, aumentando la frecuencia de huracanes; intensificándose las tormentas de nieve ,bajando hasta latitudes poco frecuentes ; y aumentando la intensidad y frecuencia de fenómenos extremos como inundaciones y sequías.

Ante todo este abanico de consecuencias climáticas, científicamente comprobadas y ratificadas por la comunidad internacional, que son ya un hecho presente, y a pesar de la firma de diferentes convenios, incumplidos unos detrás de otros, y la celebración de cumbres internacionales por el cambio climático, se llega a la conclusión de que toda esta parafernalia institucional es sólo una muestra hipócrita de preocupación política de cara a la galería de la opinión pública.

Muestra de ello es la inacción voluntaria, que se podría calificar como omisión de socorro, llevada a cabo por la comunidad internacional ante los alarmantes indicadores recogidos en los últimos años, advirtiendo de este deshielo ártico. Concretamente en septiembre del año 2012 el Ártico alcanzó su mínimo histórico de hielo .

¿Y qué se ha hecho desde las élite políticas y económicas? Nada. Simplemente esperar.

Demasiados intereses económicos

Y es que el Ártico  se presenta como un caramelo muy dulce ante los ojos de varias potencias por sus características intrínsecas. La presencia de bolsas petrolíferas intactas bajo la ya exigua capa de hielo ha sido un canto de sirena constante y muy potente durante los últimos años para países como Rusia, Estados Unidos o Canadá, que han esperado pacientemente a que su enemigo helado simplemente desapareciese, dejándoles vía libre para poner en marcha las extracciones petrolíferas.

El deshielo supone también eliminar la coraza que protege una fauna marina intacta. Si bien es cierto que con esas temperaturas no existen grandes bancos de peces, sí lo es el hecho de que permitir la actividad pesquera en el Ártico podría, si no acabar rápidamente con los ecosistemas, sí alterarlos enormemente afectando de forma grave a uno de los pocos santuarios de la fauna marina a nivel mundial.

Según explica Daniel Pauly, profesor del centro para la pesca de la Universidad de Columbia Británica, las frías aguas del Ártico tienen una baja productividad de peces. “Nada crece rápido allí”, afirma. “No existen datos científicos que nos indiquen cuántos peces hay allí, y si se comienza a pescar una población sin siquiera conocer la línea de base, podría ser un desastre”, comenta Pauly.

Por último, otro gran interés comercial que acecha el Ártico es el legendario Paso del Noroeste. Este paso es la ruta marítima que bordea Norteamérica por el norte, atravesando el océano Ártico y conectando el estrecho de Davis y el estrecho de Bering, o lo que es lo mismo, el océano Atlántico y el océano Pacífico.

Si el hielo desapareciese, se abriría definitivamente esta ruta y ello supondría una disminución gigantesca del trayecto entre Europa y Asia, con las consecuencias económicas que ello generaría.

Extracciones petrolíferas, explotación pesquera y apertura del paso del noroeste son las tres razones que explican la inacción voluntaria de la comunidad internacional ante la muerte lenta pero constante del Ártico y de todo lo que esta tierra gélida representa.

Los pueblos inuits, cada vez más permeables a las costumbres occidentales; los ecosistemas árticos, con poblaciones cada vez más pequeñas de especies autóctonas como el oso polar; las familias de cetáceos, que cada año culminan en estas aguas sus heroicas travesías oceánicas en busca de un merecido banquete de crill. Todos ellos van camino de convertirse en meros recuerdos de este rincón polar, destruidos por la codicia del ser humano.

¿Qué puedes hacer tú?

Puedes apoyar la campaña internacional que Greenpeace tiene en marcha para presionar a los responsables de la destrucción del Ártico, pinchando aquí.

 

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