Política

El colonialismo israelí

Érase una vez un pueblo, un pueblo elegido por Yahvé que fue hecho esclavo y tuvo que construir pirámides en mitad del desierto egipcio. Y vio Dios que eso era malo y les envió maná para compensarlo.

Érase una vez un pueblo, un pueblo elegido por Yahvé que fue sometido por un imperio extranjero y decidió defenderse para no ser de nuevo esclavo. Y vio Dios que eso era malo y les envió un Mesías, aunque no era el que esperaban.

Érase una vez un pueblo, un pueblo elegido por Yahvé que fue seleccionado para ser odiado por parte del resto del mundo y, como consecuencia, masacrado y estabulado en campos de concentración. Y vio Dios que eso era malo y tras millones de muertos les envió al Imperio Británico y la ayuda estadounidense.

Campo de concentración de Auschwitz-Birkenaue. Autor: Samuel Galiano

Campo de concentración de Auschwitz-Birkenaue.
Autor: Samuel Galiano

Érase una vez un pueblo, un pueblo que vivía en un rincón de Asia y que fue expulsado de sus tierras porque Yahvé, que había dejado que su nación escogida fuese esclavizada, sometida y masacrada, había expresado de forma clara –zarza ardiente- que esa era la Tierra Prometida de los israelíes. Ellos, sin embargo, asustados porque la protección hasta ese momento ofrecida no había sido la mejor, decidieron que lo más conveniente que podían hacer -para evitar nuevos peligros- era esclavizar, someter y masacrar a la gente que había vivido durante siglos allí, en esa Tierra.

En el segundo episodio de este cuento, los romanos echaron a los judíos (siglo II) dando lugar a la Diáspora. La mayor parte de la población hebrea que habitaba en el antiguo Israel tuvo que exiliarse por la represión del ejército imperial para evitar más revueltas. A partir de entonces, por ejemplo, se forma la comunidad sefardí, en lo que bastante más tarde llegaría a ser España. En este periodo, los romanos comenzaron a llamar a la región Palestina, en la cual siguieron viviendo los no judíos que allí estaban. Posteriormente, cayó bajo dominio Bizantino y, más tarde, árabe.

En diferentes momentos de la historia, los israelíes fueron regresando a estos territorios, sobre todo a partir de las persecuciones en el este de Europa y el avance del nazismo del siglo XX (18 siglos después de su salida). Las compras de tierras y su establecimiento provocaron las primeras desavenencias entre árabes e israelíes, generando atentados por parte de los primeros y las consecuentes represalias de los segundos a través de grupos armados.

En 1947, cuando la situación era ya imposible, la ONU –presurosa como siempre- decidió que se debían establecer dos estados, uno para los palestinos y otros para los judíos. Sin embargo, antes de que se creara, la Liga Árabe ya le declaró la guerra y un día después de la proclamación del estado de Israel la comenzó. Al finalizar la misma, el recién constituido país ya había conquistado un 26% más de territorio que el que les había sido designado por la ONU y 700.000 palestinos no tenían hogar.

Sin embargo, nuestra verdadera historia comienza en la Guerra de los Seis Días que enfrentó de nuevo a Israel contra Egipto, Siria y Jordania. Tras la victoria judía y la conquista de nuevas tierras, se comenzaron a crear colonias en tres grandes regiones para, supuestamente, controlarlas y prever nuevos ataques:

  • Cisjordania: Controlada, desde entonces y aún hoy en día, militarmente por Israel (más del 60% del mismo está bajo su control total) y, el resto, bajo “dominio” de la Autoridad Nacional Palestina. En ella existen, además, un gran número de obstrucciones y puestos de control israelíes que impiden la libre circulación de los ciudadanos palestinos. A todo esto, hay que sumarle el muro que sigue construyendo Israel para separar a Cisjordania de sus territorios para “evitar atentados terroristas”, pero que aísla a los habitantes y a las familias que viven a uno u otro lado y que no favorece en nada ni la creación del estado palestino ni a la dignidad de sus gentes.
  • Jerusalén Este: Está anexionada a Israel y, por tanto, se rige por su legislación. Sin embargo, las Naciones Unidas lo consideran un área ocupada militarmente. Como en el caso de Cisjordania, también está separada de territorios palestinos por el mismo muro
  • Los Altos del Golán: Tras la Guerra de los Seis Días este territorio que estaba bajo mandato sirio se integró administrativamente en Israel. Se supone que debe ser devuelto de nuevo su legítimo dueño.

Además, hubo también asentamientos en la Franja de Gaza que, sin embargo, estas fueron abandonadas en el Plan de retirada unilateral que se llevó a cabo en 2005.

La población de Israel es de algo más de 7.700.000 habitantes y el 7% de ella vive en territorios ocupados. Más de 325.000 en Cisjordania, 187.000 en Jerusalén Este y 18.700 en los Altos del Golán. Existen más de 120 asentamientos ilegales que siguen creciendo en número y extensión.

 

Evolución de Palestina. Fuente: Burbuja.info

Evolución de Palestina.
Fuente: Burbuja.info

El gobierno hebreo ayuda a todo esto mediante una serie de subvenciones e incentivos fiscales para que la gente vaya a vivir y a construir sus viviendas en estos lugares, emplazamientos que van ampliándose poco a poco. Los palestinos, por su parte, tan sólo pueden construir en el 1% de su territorio, teniendo expresamente prohibido hacerlo en el 70% del mismo.

Está claro que el objetivo del gobierno israelí es seguir ganando superficie a costa de la propia y reconocida de los palestinos, algo que lleva a la defensa de estos -con numerosos muertos israelíes en atentados y bastantes más palestinos por las represalias judías- y, como consecuencia y para preverlos, se sigue construyendo el muro que separa a ambas comunidades y aísla a la palestina un poco más del mundo. Además, para pasar a un lado u otro, este pueblo tiene que sufrir una serie de controles, muchas veces humillantes, con el fin supuesto de la seguridad hebrea.

A esto habría que añadir que el aumento de los asentamientos, o la incautación de terrenos para ello, se suele hacer sobre áreas agrícolas, la base de la economía palestina, por lo que se ven aún más perjudicados. No es que sólo se vean aislados y recluidos, es que, además, no pueden trabajar. Por ejemplo, se han estimado quemás de 100.000 olivos palestinos han sido destruidos por la maquinaria israelí para continuar con su expansión. Además, el estado de Israel controla todas las presas que llevan el agua a tierras árabes, por lo que pueden hacer lo que quieran con ella.

Según diferentes resoluciones de la ONU, estas colonias son ilegales y deben pararse y ser desmanteladas inmediatamente. Sin embargo, el gobierno judío no sólo no lo hace sino que continúa aumentándolas por el apoyo y votos de parte de su pueblo, sobretodo de las secciones más ultraortodoxas.

 

Asentamientos judios Fuente: Radiomundial.com.ve

Asentamientos judios
Fuente: Radiomundial.com.ve

Realmente, si la solución a este conflicto es la constitución de dos estados, el establecimiento de estos asentamientos no es una oportunidad para la paz. El aislamiento al que es sometido el pueblo palestino, unido a la confiscación de sus tierras, la imposibilidad de construir o cultivar en ellas y la gran humillación a las que se les somete, hace que por mucha seguridad que el gobierno israelí pretenda conseguir con estas medidas, las consecuencias vayan en sentido opuesto y la consecución de esta paz se aleje cada día algo más. Claro, que quizás lo que se pretenda no sea lograr esta paz sino, simplemente, someter a los palestinos y confiscar todo su territorio.

Por si a alguien le interesa, el gobierno israelí ha convocado una serie de becas para que jóvenes se dediquen a hacer propaganda de la cordialidad de sus acciones a través de foros y redes sociales. Yo, por mi parte, creo que no podré optar a una de ellas.

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