Asociaciones y ONGS

Brinzal y el proyecto “Un Mochuelo en cada Olivo”

Brinzal es una asociación de defensa medioambiental sin ánimo de lucro, dedicada al estudio y conservación de las rapaces nocturnas. Constituida en 1986, su actividad principal se enmarca dentro del campo de la rehabilitación de fauna salvaje.

Brinzal_logo

Brinzal, con la colaboración de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España, puso en marcha hace dos años un proyecto encaminado a contribuir a la mejora de las poblaciones ibéricas de Mochuelo Europeo.

Mochuelo

Un proyecto necesario dado que el Mochuelo Europeo (Athene noctua) lleva 15 años sufriendo una drástica reducción de su población en nuestros campos, debido sobre todo a la homogenización del hábitat que conlleva la intensificación de la agricultura.

Un Mochuelo en cada Olivo” ha tenido como objetivo principal conseguir, mediante una gestión sostenible del hábitat, un ambiente óptimo para el mochuelo. Para ello ha sido fundamental la implicación en el proyecto de los propietarios o usuarios de fincas agrícolas, a quienes se les ha ofrecido la posibilidad de obtener un beneficio tangible de esta colaboración (disminución del coste de gestión del terreno, así como patrocinio y promoción de un producto generado a partir de uso sostenible del territorio).

Las principales actividades que se han desarrollado han sido:

  • Actuaciones de mejora o restauración del hábitat y fomento de un uso sostenible.
  • Creación o mantenimiento de lugares de nidificación y caza.
  • Patrocinio de productos elaborados siguiendo criterios de sostenibilidad, con un etiquetado indicador de que el producto favorece la conservación de esta pequeña rapaz nocturna.

El proyecto se inició en 2012 en la Vega del Tajuña, al sureste de Madrid. Progresivamente y, ante el gran éxito del proyecto, se fue extendiendo este novedoso modelo de conservación a otros municipios madrileños e incluso a otras provincias, como Guadalajara, Cáceres y Toledo. Desde su inicio, se ha conseguido la colaboración de más de 300 agricultores, con una extensión de 1.200 hectáreas repartidas en unas 1.000 fincas, y se han etiquetado 15.000 productos (vino, aceite, verduras y hortalizas de cultivo ecológico).

Esta estrategia ha supuesto un paso más allá en la conservación de la biodiversidad, al implicar a agricultores y propietarios directamente en la protección de la biodiversidad. Han quedado demostrados los beneficios que, tanto para el agricultor como para los mochuelos, pueden obtenerse de la práctica de una agricultura sostenible. El éxito de este proyecto es el éxito de la colaboración entre conservación y agricultura.

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