Sociedad

Algo de poder, todavía, tenemos

Somos poderosos. Tú, yo, todo el mundo, aunque no lo parezca lo somos. La gente que tiene dinero (mucho dinero) no es más del 1% y depende de ti y de mí, porque ellos no se van a comprar todos sus productos o recoger sus producciones.

Tú y yo, como consumidores, podemos elegir. Ése es uno de nuestros poderes y, con ése, podemos dejarles (o intentar dejarle) claro a los poderosos qué queremos y cómo lo queremos.

A las grandes empresas les damos bastante igual. No nos quejamos, les seguimos comprando, no nos organizamos para ir contra ellas,… ¿Cuántas reclamaciones deberías haber puesto? ¿Cuántas has puesto? ¿Cuántas han servido para algo?

Por eso, para proteger al consumidor se crearon las Organizaciones de Consumidores, algunas como FACUA u OCU son muy conocidas y sus logros nos han ayudado al resto. Algunas de sus iniciativas han sido muy comentadas y seguidas. Por ejemplo, el apagón masivo de luz que se llevó en contra de la subida del precio de la electricidad.

En otros estados (y también se ha propuesto en España en alguna ocasión) se ha instaurado el llamado “Día sin compras” o el “Día de no comprar nada” con el fin de hacer ver que los consumidores son los que tienen el poder, no las grandes superficies, los publicitarios o la televisión. En Canadá o Estados Unidos se realiza siempre el cuarto viernes de noviembre, mientras que en el resto del mundo se suele hacer el sábado siguiente.

Sin embargo, como todo, aquí también se le achacan ciertos “inconvenientes”, como que si la gente no compra un día, irá a la tienda al día siguiente a comprar el doble, por lo que este día no tendría mucho sentido.

Pero la organización y el compromiso de los grupos no se van a ceñir a inscribirse en una u otra asociación, si no que en función de nuestros intereses e inquietudes, podemos informarnos y decidir qué elementos adquirir o comprar.

Así, en este caso, vamos a centrarnos en dos elementos y ver cómo podemos utilizar las herramientas que hoy en día tenemos y la información que nos ofrece internet para mejorar nuestra lista de la compra.

Responsabilidad ambiental

Comprar tomates que vienen de Chile o Australia, teniendo otros iguales que proceden de Almería o de un huerto a dos kilómetros, parece poco normal, ¿verdad?

En los productos kilómetro cero y ecológicos no sólo no te traen esos alimentos de la otra punta del planeta (reduciendo mucho la huella de carbono, aunque no completamente), sino que, también, se acortan los intermediarios y el agricultor se lleva un porcentaje de la venta mayor. Asimismo, todo esto influye en que las huertas que siempre han existido a las afueras de las pequeñas ciudades y pueblos se mantengan, conservando el paisaje y la diversidad en ellas.

Algo similar ocurre con las cooperativas. Asociaciones de agricultores que venden sus producciones, normalmente, a un precio algo inferior o similar a los que lo hacen en los supermercados. En este caso, se reducen también los intermediarios y se paga un precio más justo a los agricultores.

Por otra parte, así como podemos decidir qué o dónde comprar, podemos también dar de lado a otros productos que no nos hagan mucha gracia.

Si hay una empresa que encarna la maldad personificada, esa es Monsanto. No sólo introduce transgénicos, sino que se está cargando, entre otros, a las abejas con sus pesticidas. Además, está haciendo que se pierdan las especies autóctonas e impide que los agricultores se aprovisionen de sus propias semillas (guardándolas de un año al siguiente), ya que afirman que están patentadas y que, por tanto, tienen que pagarla.

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Ya hace bastantes años que Greenpeace saca una Lista Roja de productos transgénicos, en los que se incluyen toda una serie de productos que no deberías consumir, en caso de que no te sientas muy cómodo con ellos. Entre otros se incluye a Carbonell (en aceites), Nestlé, Danone o Zahor, por ejemplo.

Otro listado que ha elaborado esta misma asociación es la Lista Roja de Especies Pesqueras, las cuales se incluyen en función de la sobrepesca, la destrucción de la vida marina, acuicultura o si sufren estas especies actividades ilegales. Se incluye dentro de esta lista el Lenguado europeo, los langostinos tropicales o el pez espada.

Responsabilidad social

Ya hemos hablado un poco sobre que es mejor comprar productos a agricultores directamente que si lo haces en Carrefour o Mercadona, que luego le pagan unos céntimos a los que realmente trabajan para obtenerlos. Esta “selección” la podemos hacer también viendo cómo se comportan con sus trabajadores.

Coca Cola gana dinero, gana mucho dinero, pero ha decidido que no le es suficiente, que necesita más y ¿cómo se puede conseguir esto? Fácil, echando a trabajadores a la calle. Una empresa con beneficios que hace un ERE salvaje no parece una empresa muy ética, aunque luego te venda un mundo de colores en sus anuncios. La solución es clara, si no respeta a los trabajadores, no la consumamos.

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Fuente: Equo Madrid

Algo similar, ha ocurrido con Panrico, donde los trabajadores de esta empresa llevaron a cabo la huelga más larga de todo el país en defensa de sus puestos. Una compañía familiar que es vendida a otra de capital riesgo y que la destroza aumentando las pérdidas. Grandes gestores.

¿Y si nos vamos al sector textil? Zara (Inditex), el Corte Inglés, Cortefiel,… decir que tienen las manos manchadas de sangre, quizás sea quedarse corto después de que derrumbara la fábrica de Bangladesh. Que las camisetas que compramos a 10€ lo hacen en un régimen de esclavitud no nos sorprendió a nadie. Que se caiga la fábrica, se laven las manos y miren para otro lado, tampoco, ¿verdad?

El último gran boicot del que se ha hablado ha sido a productos israelíes tras el ataque sobre Gaza. Ya antes se hablaba de no comprar, sobre todo de los producidos en zonas palestinas colonizadas por Israel (suponiendo colonizado sólo donde viven los colonos), ahora la gente parece que está incluso más concienciada y va más en serio.

¿Y cómo controlo todo esto?

No quiero comprar productos donde haya metido las manos Monsanto, tampoco que se produzcan en zonas arrebatadas a sus dueños legítimos o que usen en su composición Organismos Genéticamente Modificados (OGM), ¿y cómo lo sé todo eso?

El móvil es un asco. Todo el día conectado. A todas horas enviándote fotos por Whatsapp y comentando tonterías. Sin embargo, también puede servir para algo.

Hay una aplicación que se llama Buycot que te permite seleccionar qué cosas comprar y cuáles no dependiendo de tus ideas. Tan sólo tienes que registrarte en alguna campaña y listo, luego acercas el móvil al código de barras del producto que vayas a comprar y te dice: No, no, no, esto está producido en territorios colonizados, les compran las semillas a Monsanto o están cargándose a las abejas.

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Si tan sólo entienden el lenguaje del dinero, podemos utilizarlo para darle donde más le duele. Recuerdo un vídeo de Greenpeace de 1995 cuando Francia realizó las pruebas nucleares en el Atolón de Mururoa, donde decían “vamos a darles donde más les duele” y disparaban a una botella de vino. No hemos cambiado nada, quizás a peor.

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